Esta hermosa ciudad medieval es el obsequio de los reyes a sus reinas. Sus estrechas calles: recorrerlas lentamente, presenciar una boda, ser parte de ella. Subir las escalinatas estrechas que nos llevan a recorrer todo el muro que la contiene. Ir a sus tascas nocturnas para degustar sus pescados y mariscos en su clásica cataplana. Rentar una casa tradicional, donde sus dueños se trasladan y nos dejan vivir.
